Cuando cuidar de alguien también significa aprender a cuidar de uno mismo
¿Quién cuida al cuidador?
Cuando una persona recibe el diagnóstico de una enfermedad, toda la atención suele centrarse en el paciente. Es natural. Sin embargo, hay alguien cuya vida también cambia de un momento a otro: el cuidador.
Puede ser un esposo o esposa, un hijo, una madre, un padre, un hermano o incluso un amigo cercano. Muchas veces no eligió ese papel; simplemente las circunstancias lo colocaron ahí.
El cuidador acompaña a consultas médicas, administra medicamentos, organiza estudios, prepara alimentos especiales, ayuda con la movilidad, resuelve trámites administrativos y, además, intenta mantener funcionando su propia vida.
Con frecuencia también continúa trabajando, atendiendo a su familia y enfrentando preocupaciones económicas.
Lo paradójico es que, mientras dedica toda su energía al bienestar de otra persona, suele olvidar el suyo.
A este fenómeno se le conoce como sobrecarga del cuidador, y diversos estudios han demostrado que puede afectar seriamente la salud física y emocional.
¿Qué es la sobrecarga del cuidador?
No se trata simplemente de sentirse cansado.
La sobrecarga aparece cuando las demandas físicas, emocionales, económicas y sociales de cuidar a alguien comienzan a superar los recursos disponibles para hacerlo.
Esta situación puede desarrollarse poco a poco, por lo que muchas personas no se dan cuenta de que están llegando a un límite hasta que aparecen problemas importantes de salud.